|
LA NECESIDAD PRIMORDIAL
Nuestro hogar está lleno de libertad, de más comodidad, de todo. Es un lugar donde existe una transacción natural de fe, amor, afecto, etc. Es inconcebible. Los Upanisads dicen: “No te aventures a probar el plano impensable con tu razonamiento. Ese plano realmente está más allá de la capacidad de tu pensamiento. Está bajo un juego diferente de leyes. Tus cálculos matemáticos y conclusiones en este mundo están relacionados con puntos, planos y sólidos. Actualmente eres un hombre en el mundo de los sólidos y tienes una asociación limitada con planos y puntos en una forma abstracta, entonces ¿cómo puedes calcular acerca de cosas más elevadas de las cuales no tienes conocimiento? Las formas de vida y las leyes de ese país son desconocidas para ti, así que no trates de debatir acerca de eso. Ese plano es de una naturaleza completamente diferente”.
Si tu entendimiento está limitado a las leyes del agua, ¿cómo entonces puedes calcular acerca del aire? Similarmente si tú estás familiarizado solamente con las leyes del aire, ¿cómo puedes hacer algún cálculo en la esfera del éter? En consecuencia, no corras tratando de traer dentro de tu laboratorio experimental aquellos artículos, los cuales están más allá de la capacidad de tu pensamiento, porque eso sería una tontería.
Las cosas superiores existen, pero el hombre en general en este mundo no tiene conocimiento acerca de ellas. Somos verdaderos empíricos y tenemos algún conocimiento, pero sólo hasta un grado y nivel particular. No podemos aventurarnos y calcular lo que está más allá de nuestro alcance. Pero si aquellos que realmente han experimentado ese plano vienen a nosotros y nos dan alguna información, podríamos hacer una comparación: “Este caballero con una experiencia particular del éter ha escrito de esta forma, otro caballero quien tiene experiencia y ha experimentado también el éter ha escrito en otra manera particular”. De esta forma, ganaremos algún entendimiento de sus investigaciones y de su conexión real con el tópico que se trata.
En la sección de aquellos que investigan con telescopios, podemos hacer una comparación sobre sus hallazgos. Las experiencias de un investigador con su telescopio son de cierto género y también podemos aprender de las experiencias de otros con sus telescopios particulares. Con la información para nosotros disponible de las relaciones existentes con sus telescopios y experimentos, seremos capaces de concluir que un cierto telescopio era más poderoso en un campo en particular, que otro telescopio lo era en otro campo, etc. Así, tenemos una capacidad limitada de comparar lo que ha sido descubierto más allá de nuestros sentidos por medio del telescopio, aunque nosotros mismos no poseamos un telescopio.
El tema de las cosas superiores descubiertas por el “telescopio mental” o el “telescopio del alma” ha sido dado en las Escrituras. Tal asunto es conocido por los santos y debemos tomar su ayuda a fin que podamos tener entrada en esa tierra. En el presente no estamos en la posición de tener la experiencia del plano superior, pero luego, con la ayuda de los santos y de las Escrituras, cuando nosotros mismos tengamos ese tipo de telescopio seremos capaces de tener tal experiencia superior, sve svehadhikâre yâ niëùhâ, sâgunâì parikîrtitâì. “Prestar atención a tu propio plano es admirable”, acintyaì khalu ye bhâvâ, nastâê tarkeòa yojayet, “no permitas que el espíritu argumentativo lo ensombrezca todo”. El argumento no lo es todo: Este no debe ser el recurso de toda creencia. El reino espiritual es acintya, inconcebible, pero aun así debemos tratar de entender las cosas acorde con nuestra capacidad, fe y realización. Por encima de todo tenemos que ajustar dentro de nuestra mente que la dulzura es dulce y que la verdad es cierta; por más fuerte que parezca ser, no deberíamos tomar ningún tipo de patrón aquí y aplicarlo en ese dominio superior. Si alguien no tiene ojos, pero otro puede ver, el hombre ciego naturalmente buscará ayuda de aquél que tiene visión. Estamos también ciegos para ver lo que está dentro de nosotros mismos, de otra manera, ¿cuál es la necesidad de consultar a un doctor? El doctor puede ver lo que nosotros no podemos: Él dará un diagnóstico y luego nos someteremos a un tratamiento. Naturalmente le tendremos respeto y le daremos algo por su asistencia, esto no es irrazonable.
El Guru es el doctor especialista y entenderemos su capacidad cuando veamos que lo que él dice es real y no imaginario. Dicha visión dependerá del grado de alerta del ojo. Si alguien que es ciego es tratado por un doctor competente él gradualmente percibirá directamente, “sí, ahora comienzo a ver algo. Ahora tengo alguna experiencia visual”. Desde ese momento no le importarán las opiniones especulativas de otras personas ciegas, sino que tendrá su capacidad directa de ver. Con el advenimiento de la vista él podrá entender que la aplicación de la medicina tiene un efecto verdadero.
El entendimiento científico es también similar. Antiguamente, cuando Faraday descubrió la electricidad, mucha gente se mofaba, “¿qué es esto? Esto es simple curiosidad. ¿Qué utilidad obtendremos de esta electricidad?”
Una vez leí un relato de Faraday demostrando en un experimento el efecto de su descubrimiento. Él generó electricidad con una máquina y luego mostró cómo pequeños pedazos de papel eran movidos por esa corriente eléctrica. Muchos quedaron satisfechos al ver el nuevo descubrimiento, pero entonces una dama señaló: “Pero después de todo esto, señor Faraday, ¿qué beneficio práctico derivaremos de este lujoso juego suyo?” Faraday respondió: “Madame, por favor podría usted decirme, ¿cuál es la utilidad de un bebé recién nacido?” Su punto era que cuando un bebé nace, debemos cuidar de él, después, cuando crezca su energía será puesta a trabajar útilmente. Similarmente, alguien puede considerar que la conciencia de Dios es solamente un lujo, una moda, o semejante a un juego, que eso no tiene una aplicación práctica o utilidad directa. Pero cuando la conciencia de Dios se vuelva intensa, aquellos que la experimenten, observarán todas las otras actividades, por muy importantes que sean, sin valor. ¿Por qué? Porque en esencia queremos vivir. No queremos morir.
Vivir es la necesidad primordial y la necesidad general de todos nosotros. Nadie puede negar que quiere vivir, y no sólo vivir, sino vivir feliz, apropiada y conscientemente. Además, queremos evitar toda aflicción, miseria, etc.
Cuando la conciencia de Dios surge dentro de alguien, él puede ver claramente: “¿Por qué todo el mundo está ocupado en la cacería del ganso salvaje en este mundo material?” Todos quieren felicidad pero están corriendo tras una fantasmagoría imaginaria.
La felicidad no puede estar en las cosas mortales. Estamos haciendo una transacción con el mundo mortal, pero eso no puede traer satisfacción; esto sólo desperdiciará nuestra energía. Lo que hemos colectado en un lado, desaparece en otro. Un hombre sabio no debe aceptar ni tolerar esta clase de desperdicio de energía como el principio de la vida. Dicha persona sabia puede ver otro plano de vida. Puede ver que él no es un sujeto de este mundo mortal, el cual es como un lugar de juegos. Él sentirá: “Yo soy inmortal. Soy el miembro del mundo eterno pero de alguna forma he quedado enredado en este aspecto mortal de existencia.
Así, tan pronto como pueda, me zafaré de esta conexión y entonces me situaré en una posición normal”. Encontrará que él mismo, el alma, el que siente, el que piensa, es un miembro de otro suelo, pero que ha quedado enredado dentro de este mundo mortal productor de dolor. Éste es un mundo miserable. Con la fuerza de su realización él puede hacer adelantos en su progreso hacia el plano inmortal.
Una prueba positiva vendrá ante nosotros cuando sintamos seguramente: “Ahora miro y escucho estas cosas y esta experiencia es totalmente más real que el mundo alrededor mío. El mundo es vago, pero lo que ahora veo y escucho es más real que eso”.
Una transacción directa es posible con el alma, con Dios y con la tierra de Dios. Donde hoy en día estamos viviendo, es el plano de las transacciones indirectas: Primero el ojo, el oído, etc., recogen la experiencia, luego ésta va a la mente antes que nosotros tengamos la experiencia de este mundo. Pero en el caso del alma, podemos sentir todo directamente nosotros mismos, sin la ayuda de ningún instrumento.
A través de un microscopio podemos ver una cosa y a través del simple ojo vemos otra cosa. Hay una diferencia. A través del ojo, del oído, etc., tenemos alguna experiencia de este mundo, pero en lo concerniente al alma, si podemos apartarnos del “progreso” en el lado negativo, seremos capaces de sentir: “¡Oh! Ésta es la naturaleza del alma”. Sentiremos directamente quiénes somos sin la ayuda de ningún instrumento.
El alma puede mirarse a sí misma, puede enfocarse a sí misma y a través de la introspección realizará su naturaleza misma, sin la ayuda de ningún otro instrumento, percibirá todas las concepciones posibles de sí misma directamente. Ella entenderá su propia tierra: Ella obtendrá la concepción de un tipo de suelo más elevado. En ese lado positivo ella descubrirá: “¡Yo no moriré!”
El plano material es el plano pervertido y del concepto erróneo, pero en el plano superior no existe la falsedad. Una vez que seamos admitidos allí, nuestra concepción, aunque pueda ser parcial, será clara y cierta. Cualquiera que entienda esta experiencia quedará convencido y determinado a seguir adelante.
Sócrates pudo sentir que el alma es inmortal. Tan intenso era su sentimiento que él no le dio ningún valor a su propia vida en este mundo terrenal. Él desdeñosamente se desconectó de este mundo debido a que con gran convicción sabía que el alma era inmortal. Cristo estaba también tan convencido de su Señor que no le importó la felicidad, y los placeres de este mundo: Él los despreció totalmente.
Existen muchas cosas invisibles para el ojo físico que son visibles para el ojo del conocimiento. Debemos admitir que el ojo del conocimiento puede ver muchas cosas que el ojo físico no puede ver. Similarmente existe una visión profunda por medio de la cual podemos ver las cosas de una forma diferente, más esperanzadora: “¡Ven y mira!” Un ojo no puede ver cuando está cubierto por una catarata, pero cuando la catarata es removida, el ojo puede ver. La ignorancia es como una catarata en nuestros ojos que nos causa ceguera. Nuestra visión es sólo superficial, pero una visión más profunda observará muchas cosas. Este ojo, apoyado por el ojo del conocimiento, puede ver muchísimas cosas, cada vez más profundas.
Nuestra visión aparente no tiene valor. El valor real está presente en el vidente que observará con una visión profunda. Y todos no son iguales: Están el ilustrado, el erudito, el sabio inmutable... Hay una gradación y acorde a su capacidad el vidente podrá observar.
Es fácil notar que en el presente, somos miembros de este mundo mortal, pero, ¿con qué estamos conectados? Con nuestro cuerpo, ése es el miembro. Si vamos por encima del cuerpo, podemos ir a la mente, luego a la inteligencia y después al alma. Encontraremos que el plano donde viven las almas es eterno y que el alma en sí misma es también eterna. De allí iremos tras la búsqueda de la Superalma, el origen de todos nuestros pensamientos. La Superalma está conectada al sol, el cual es el origen de todos los rayos de luz. Una vez que encontremos un rayo de luz, podremos aproximarnos al sol de donde todos los rayos emanan.
Similarmente, desde la concepción de nuestro propio ser conociendo que nosotros mismos somos partículas de conciencia, podemos buscar un plano de superconciencia, superconocimiento y superexistencia. De esta forma, progresaremos hacia la causa última, la fuente de todo. Pero no podemos ir conforme a nuestro propio capricho y albedrío, alguna clase de ayuda proveniente de ese plano es indispensablemente necesaria. Dicha ayuda viene en la forma del Guru, de los vaiëòavas y otros agentes de esta tierra. Con su ayuda haremos un progreso sincero hacia la meta.
En el presente estamos como si fuésemos monarcas de todo lo que conocemos, pero lo que conocemos es totalmente transitorio, mortal y reaccionario. Si observamos cuidadosamente, veremos que todo esto es reaccionario. Lo que nos complace hoy en día, luego se convertirá en dolor, en consecuencia, debemos buscar una buena posición en algún otro lado, un lugar bueno para construir nuestro hogar dondequiera que se halle. En el curso de esa búsqueda encontraremos que tenemos nuestro propio hogar y que es completamente perfecto.
“¡Hogar! De vuelta a Dios, de vuelta al hogar, dulce, dulce hogar”. Esta clase de sentimiento lo encontraremos dentro de nosotros si somos afortunados que se nos conceda una pequeña participación por la gracia de los reclutadores de esa tierra: Los agentes del Señor. Seremos llevados a ese suelo apropiado y ganaremos un tipo de concepción familiar sólida de lo que es nuestro verdadero hogar. De esta manera progresaremos hacia ese lado.
En el comienzo podemos pensar que estamos marchando hacia una región desconocida: “Innumerables entidades vivientes están aquí, alrededor mío en mi mundo presente, pero a donde estoy tratando de ir es incierto, luce imaginario y abstracto”. No obstante, cuando comencemos nuestro viaje gradualmente encontraremos que casi toda la existencia está en ese lado, el lado donde todo es verdadero. Encontraremos que este lado material es muy escaso y limitado y que aquí solamente existe una minúscula representación de la verdad.
Desde aquí podemos pensar que la mayor parte de la existencia esta aquí y que sólo unas muy pocas almas especiales van de aquí al mundo inmortal, tales como Sócrates, Mahoma, Buda, etc. Pero gradualmente, llegaremos al entendimiento que el mundo superior es infinitamente más grande que la porción terrenal que aquí vemos. Gradualmente entenderemos que en un país muy poca gente está confinada en un hospital o en una prisión y están sufriendo, similarmente sólo pocas personas están aquí en este plano mundano como castigo. A medida que esto se nos vaya aclarando, sentiremos más coraje para proceder y con una velocidad mayor correremos hacia nuestro hogar. “Vamos a casa y mientras más cercanos nos encontremos del hogar, nuestra velocidad se incrementará más y más: ¡Oh! ¡Esta es mi tierra natal!”
Actualmente estamos fuera y nuestra mente también está enfocada hacia lo exterior. Estamos moviéndonos desesperadamente. Nuestra esperanza descansa solamente en la gracia de los agentes divinos. Ellos vienen a levantarnos y a aconsejarnos, “¿qué estás haciendo? No vayas hacia ese lado. Ésta es la tierra del peligro, la tierra de la muerte. Ven junto conmigo. Yo te llevaré a la tierra del eterno néctar”. Esos agentes vienen para despertarnos de nuestro sueño, de nuestra insana ignorancia. Ellos son los vaiëòavas y ellos nos han dado las Escrituras, las cuales proporcionan la historia de la tierra del otro lado y de los santos que han ido allá. A través de las Escrituras nuestra fe gradualmente se desarrollará e incrementaremos la asociación con los sâdhus. Al hacer esto lograremos un progreso más rápido. El propio sentimiento de uno es la garantía de si se está haciendo un progreso real o no. Hèdaye nâbhya nujñâto. Él recibirá aprobación desde su propio corazón que está haciendo un progreso real. De otra manera, un hombre puede estar siendo llevado bajo engaño en una dirección particular sólo para sentir frustración después de algún tiempo, pero dicha transacción no es genuina, es falsa, un engaño. En el nombre de la religión muchas de tales cosas están pasando, como un comercio, pero esto no significa que la realización verdadera y la emancipación no existan. Hèdaye nâvhya nujñâto, la garantía última es la aprobación de tu propio corazón, “sí, realmente esto es lo que quiero. Desde el fondo más profundo de mi corazón siento el deseo de danzar para encontrar que tal progreso es posible”.
En India hay una historia de un ganso que al observar los testículos de un toro en movimiento, pensó que estos eran un pez y que en un momento determinado el pez se caería, de esta manera caminaba detrás del toro pensando que algún día obtendría su pescado.
La necesidad
primordial
Nuestro hogar está
lleno de libertad, de más comodidad, de todo. Es un lugar donde
existe una transacción natural de fe, amor, afecto, etc. Es
inconcebible. Los Upaniëads dicen: “No te aventures a probar
el plano impensable con tu razonamiento. Ese plano realmente está
más allá de la capacidad de tu pensamiento. Está bajo un juego
diferente de leyes. Tus cálculos matemáticos y conclusiones en
este mundo están relacionados con puntos, planos y sólidos.
Actualmente eres un hombre en el mundo de los sólidos y tienes una
asociación limitada con planos y puntos en una forma abstracta,
entonces ¿cómo puedes calcular acerca de cosas más elevadas de las
cuales no tienes conocimiento? Las formas de vida y las leyes de ese
país son desconocidas para ti, así que no trates de debatir acerca
de eso. Ese plano es de una naturaleza completamente diferente”.
Si tu entendimiento
está limitado a las leyes del agua, ¿cómo entonces puedes calcular
acerca del aire? Similarmente si tú estás familiarizado solamente
con las leyes del aire, ¿cómo puedes hacer algún cálculo en la
esfera del éter? En consecuencia, no corras tratando de traer dentro
de tu laboratorio experimental aquellos artículos, los cuales
están más allá de la capacidad de tu pensamiento, porque eso sería
una tontería.
Las cosas superiores
existen, pero el hombre en general en este mundo no tiene
conocimiento acerca de ellas. Somos verdaderos empíricos y tenemos
algún conocimiento, pero sólo hasta un grado y nivel particular. No
podemos aventurarnos y calcular lo que está más allá de nuestro
alcance. Pero si aquellos que realmente han experimentado ese
plano vienen a nosotros y nos dan alguna información, podríamos
hacer una comparación: “Este caballero con una experiencia
particular del éter ha escrito de esta forma, otro caballero quien
tiene experiencia y ha experimentado también el éter ha escrito en
otra manera particular”. De esta forma, ganaremos algún
entendimiento de sus investigaciones y de su conexión real con el
tópico que se trata.
En la sección de
aquellos que investigan con telescopios, podemos hacer una
comparación sobre sus hallazgos. Las experiencias de un investigador
con su telescopio son de cierto género y también podemos aprender
de las experiencias de otros con sus telescopios particulares. Con la
información para nosotros disponible de las relaciones existentes
con sus telescopios y experimentos, seremos capaces de concluir que
un cierto telescopio era más poderoso en un campo en particular, que
otro telescopio lo era en otro campo, etc. Así, tenemos una
capacidad limitada de comparar lo que ha sido descubierto más allá
de nuestros sentidos por medio del telescopio, aunque nosotros mismos
no poseamos un telescopio.
El tema de las cosas
superiores descubiertas por el “telescopio mental” o el
“telescopio del alma” ha sido dado en las Escrituras. Tal asunto
es conocido por los santos y debemos tomar su ayuda a fin que podamos
tener entrada en esa tierra. En el presente no estamos en la posición
de tener la experiencia del plano superior, pero luego, con la ayuda
de los santos y de las Escrituras, cuando nosotros mismos tengamos
ese tipo de telescopio seremos capaces de tener tal experiencia
superior, sve svehadhikâre yâ niëùhâ, sâgunâì parikîrtitâì.
“Prestar atención a tu propio plano es admirable”, acintyaì
khalu ye bhâvâ, nastâê tarkeòa yojayet, “no permitas que el
espíritu argumentativo lo ensombrezca todo”. El argumento no lo es
todo: Este no debe ser el recurso de toda creencia. El reino
espiritual es acintya, inconcebible, pero aun así debemos tratar de
entender las cosas acorde con nuestra capacidad, fe y realización.
Por encima de todo tenemos que ajustar dentro de nuestra mente que la
dulzura es dulce y que la verdad es cierta; por más fuerte que
parezca ser, no deberíamos tomar ningún tipo de patrón aquí y
aplicarlo en ese dominio superior. Si alguien no tiene ojos, pero
otro puede ver, el hombre ciego naturalmente buscará ayuda de aquél
que tiene visión. Estamos también ciegos para ver lo que está
dentro de nosotros mismos, de otra manera, ¿cuál es la necesidad de
consultar a un doctor? El doctor puede ver lo que nosotros no
podemos: Él dará un diagnóstico y luego nos someteremos a un
tratamiento. Naturalmente le tendremos respeto y le daremos algo por
su asistencia, esto no es irrazonable.
El Guru es el doctor
especialista y entenderemos su capacidad cuando veamos que lo que él
dice es real y no imaginario. Dicha visión dependerá del grado de
alerta del ojo. Si alguien que es ciego es tratado por un doctor
competente él gradualmente percibirá directamente, “sí, ahora
comienzo a ver algo. Ahora tengo alguna experiencia visual”. Desde
ese momento no le importarán las opiniones especulativas de otras
personas ciegas, sino que tendrá su capacidad directa de ver. Con el
advenimiento de la vista él podrá entender que la aplicación de la
medicina tiene un efecto verdadero.
El entendimiento
científico es también similar. Antiguamente, cuando Faraday
descubrió la electricidad, mucha gente se mofaba, “¿qué es esto?
Esto es simple curiosidad. ¿Qué utilidad obtendremos de esta
electricidad?”
Una vez leí un
relato de Faraday demostrando en un experimento el efecto de su
descubrimiento. Él generó electricidad con una máquina y luego
mostró cómo pequeños pedazos de papel eran movidos por esa
corriente eléctrica. Muchos quedaron satisfechos al ver el
nuevo descubrimiento, pero entonces una dama señaló: “Pero
después de todo esto, señor Faraday, ¿qué beneficio práctico
derivaremos de este lujoso juego suyo?” Faraday respondió:
“Madame, por favor podría usted decirme, ¿cuál es la utilidad de
un bebé recién nacido?” Su punto era que cuando un bebé nace,
debemos cuidar de él, después, cuando crezca su energía será
puesta a trabajar útilmente. Similarmente, alguien puede considerar
que la conciencia de Dios es solamente un lujo, una moda, o
semejante a un juego, que eso no tiene una aplicación práctica o
utilidad directa. Pero cuando la conciencia de Dios se vuelva
intensa, aquellos que la experimenten, observarán todas las otras
actividades, por muy importantes que sean, sin valor. ¿Por qué?
Porque en esencia queremos vivir. No queremos morir.
Vivir es la
necesidad primordial y la necesidad general de todos nosotros. Nadie
puede negar que quiere vivir, y no sólo vivir, sino vivir feliz,
apropiada y conscientemente. Además, queremos evitar toda aflicción,
miseria, etc.
Cuando la conciencia
de Dios surge dentro de alguien, él puede ver claramente: “¿Por
qué todo el mundo está ocupado en la cacería del ganso salvaje
en este mundo material?” Todos quieren felicidad pero están
corriendo tras una fantasmagoría imaginaria.
La felicidad no
puede estar en las cosas mortales. Estamos haciendo una transacción
con el mundo mortal, pero eso no puede traer satisfacción; esto sólo
desperdiciará nuestra energía. Lo que hemos colectado en un lado,
desaparece en otro. Un hombre sabio no debe aceptar ni tolerar esta
clase de desperdicio de energía como el principio de la vida. Dicha
persona sabia puede ver otro plano de vida. Puede ver que él no es
un sujeto de este mundo mortal, el cual es como un lugar de juegos.
Él sentirá: “Yo soy inmortal. Soy el miembro del mundo
eterno pero de alguna forma he quedado enredado en este aspecto
mortal de existencia.
Así, tan pronto
como pueda, me zafaré de esta conexión y entonces me situaré en
una posición normal”. Encontrará que él mismo, el alma, el que
siente, el que piensa, es un miembro de otro suelo, pero que ha
quedado enredado dentro de este mundo mortal productor de dolor. Éste
es un mundo miserable. Con la fuerza de su realización él puede
hacer adelantos en su progreso hacia el plano inmortal.
Una prueba positiva
vendrá ante nosotros cuando sintamos seguramente: “Ahora miro y
escucho estas cosas y esta experiencia es totalmente más real que el
mundo alrededor mío. El mundo es vago, pero lo que ahora veo y
escucho es más real que eso”.
Una transacción
directa es posible con el alma, con Dios y con la tierra de Dios.
Donde hoy en día estamos viviendo, es el plano de las transacciones
indirectas: Primero el ojo, el oído, etc., recogen la experiencia,
luego ésta va a la mente antes que nosotros tengamos la experiencia
de este mundo. Pero en el caso del alma, podemos sentir todo
directamente nosotros mismos, sin la ayuda de ningún instrumento.
A través de un
microscopio podemos ver una cosa y a través del simple ojo vemos
otra cosa. Hay una diferencia. A través del ojo, del oído, etc.,
tenemos alguna experiencia de este mundo, pero en lo concerniente al
alma, si podemos apartarnos del “progreso” en el lado
negativo, seremos capaces de sentir: “¡Oh! Ésta es la naturaleza
del alma”. Sentiremos directamente quiénes somos sin la ayuda de
ningún instrumento.
El alma puede
mirarse a sí misma, puede enfocarse a sí misma y a través de la
introspección realizará su naturaleza misma, sin la ayuda de ningún
otro instrumento, percibirá todas las concepciones posibles de sí
misma directamente. Ella entenderá su propia tierra: Ella
obtendrá la concepción de un tipo de suelo más elevado. En ese
lado positivo ella descubrirá: “¡Yo no moriré!”
El plano material es
el plano pervertido y del concepto erróneo, pero en el plano
superior no existe la falsedad. Una vez que seamos admitidos allí,
nuestra concepción, aunque pueda ser parcial, será clara y cierta.
Cualquiera que entienda esta experiencia quedará convencido y
determinado a seguir adelante.
Sócrates pudo
sentir que el alma es inmortal. Tan intenso era su sentimiento
que él no le dio ningún valor a su propia vida en este mundo
terrenal. Él desdeñosamente se desconectó de este mundo debido a
que con gran convicción sabía que el alma era inmortal. Cristo
estaba también tan convencido de su Señor que no le importó
la felicidad, y los placeres de este mundo: Él los despreció
totalmente.
Existen muchas cosas
invisibles para el ojo físico que son visibles para el ojo del
conocimiento. Debemos admitir que el ojo del conocimiento puede ver
muchas cosas que el ojo físico no puede ver. Similarmente existe una
visión profunda por medio de la cual podemos ver las cosas de una
forma diferente, más esperanzadora: “¡Ven y mira!” Un ojo no
puede ver cuando está cubierto por una catarata, pero cuando la
catarata es removida, el ojo puede ver. La ignorancia es como una
catarata en nuestros ojos que nos causa ceguera. Nuestra visión es
sólo superficial, pero una visión más profunda observará muchas
cosas. Este ojo, apoyado por el ojo del conocimiento, puede ver
muchísimas cosas, cada vez más profundas.
Nuestra visión
aparente no tiene valor. El valor real está presente en el vidente
que observará con una visión profunda. Y todos no son iguales:
Están el ilustrado, el erudito, el sabio inmutable... Hay una
gradación y acorde a su capacidad el vidente podrá observar.
Es fácil notar que
en el presente, somos miembros de este mundo mortal, pero, ¿con qué
estamos conectados? Con nuestro cuerpo, ése es el miembro. Si vamos
por encima del cuerpo, podemos ir a la mente, luego a la
inteligencia y después al alma. Encontraremos que el plano
donde viven las almas es eterno y que el alma en sí misma es también
eterna. De allí iremos tras la búsqueda de la Superalma, el origen
de todos nuestros pensamientos. La Superalma está conectada al sol,
el cual es el origen de todos los rayos de luz. Una vez que
encontremos un rayo de luz, podremos aproximarnos al sol de donde
todos los rayos emanan.
Similarmente, desde
la concepción de nuestro propio ser conociendo que nosotros mismos
somos partículas de conciencia, podemos buscar un plano de
superconciencia, superconocimiento y superexistencia. De esta forma,
progresaremos hacia la causa última, la fuente de todo. Pero no
podemos ir conforme a nuestro propio capricho y albedrío, alguna
clase de ayuda proveniente de ese plano es indispensablemente
necesaria. Dicha ayuda viene en la forma del Guru, de los vaiëòavas
y otros agentes de esta tierra. Con su ayuda haremos un progreso
sincero hacia la meta.
En el presente
estamos como si fuésemos monarcas de todo lo que conocemos,
pero lo que conocemos es totalmente transitorio, mortal y
reaccionario. Si observamos cuidadosamente, veremos que todo
esto es reaccionario. Lo que nos complace hoy en día, luego se
convertirá en dolor, en consecuencia, debemos buscar una buena
posición en algún otro lado, un lugar bueno para construir nuestro
hogar dondequiera que se halle. En el curso de esa búsqueda
encontraremos que tenemos nuestro propio hogar y que es completamente
perfecto.
“¡Hogar! De
vuelta a Dios, de vuelta al hogar, dulce, dulce hogar”. Esta clase
de sentimiento lo encontraremos dentro de nosotros si somos
afortunados que se nos conceda una pequeña participación por
la gracia de los reclutadores de esa tierra: Los agentes del
Señor. Seremos llevados a ese suelo apropiado y ganaremos un tipo de
concepción familiar sólida de lo que es nuestro verdadero hogar. De
esta manera progresaremos hacia ese lado.
En el comienzo
podemos pensar que estamos marchando hacia una región desconocida:
“Innumerables entidades vivientes están aquí, alrededor mío en
mi mundo presente, pero a donde estoy tratando de ir es incierto,
luce imaginario y abstracto”. No obstante, cuando comencemos
nuestro viaje gradualmente encontraremos que casi toda la existencia
está en ese lado, el lado donde todo es verdadero. Encontraremos que
este lado material es muy escaso y limitado y que aquí solamente
existe una minúscula representación de la verdad.
Desde aquí podemos
pensar que la mayor parte de la existencia esta aquí y que sólo
unas muy pocas almas especiales van de aquí al mundo inmortal, tales
como Sócrates, Mahoma, Buda, etc. Pero gradualmente, llegaremos al
entendimiento que el mundo superior es infinitamente más grande que
la porción terrenal que aquí vemos. Gradualmente entenderemos que
en un país muy poca gente está confinada en un hospital o en una
prisión y están sufriendo, similarmente sólo pocas personas están
aquí en este plano mundano como castigo. A medida que esto se
nos vaya aclarando, sentiremos más coraje para proceder y con una
velocidad mayor correremos hacia nuestro hogar. “Vamos a casa y
mientras más cercanos nos encontremos del hogar, nuestra velocidad
se incrementará más y más: ¡Oh! ¡Esta es mi tierra natal!”
Actualmente estamos
fuera y nuestra mente también está enfocada hacia lo exterior.
Estamos moviéndonos desesperadamente. Nuestra esperanza descansa
solamente en la gracia de los agentes divinos. Ellos vienen a
levantarnos y a aconsejarnos, “¿qué estás haciendo? No
vayas hacia ese lado. Ésta es la tierra del peligro, la tierra de la
muerte. Ven junto conmigo. Yo te llevaré a la tierra del eterno
néctar”. Esos agentes vienen para despertarnos de nuestro sueño,
de nuestra insana ignorancia. Ellos son los vaiëòavas y ellos nos
han dado las Escrituras, las cuales proporcionan la historia de la
tierra del otro lado y de los santos que han ido allá. A través de
las Escrituras nuestra fe gradualmente se desarrollará e
incrementaremos la asociación con los sâdhus. Al hacer esto
lograremos un progreso más rápido. El propio sentimiento de uno es
la garantía de si se está haciendo un progreso real o no. Hèdaye
nâbhya nujñâto. Él recibirá aprobación desde su propio corazón
que está haciendo un progreso real. De otra manera, un hombre puede
estar siendo llevado bajo engaño en una dirección particular sólo
para sentir frustración después de algún tiempo, pero dicha
transacción no es genuina, es falsa, un engaño. En el nombre de la
religión muchas de tales cosas están pasando, como un comercio,
pero esto no significa que la realización verdadera y la
emancipación no existan. Hèdaye nâvhya nujñâto, la garantía
última es la aprobación de tu propio corazón, “sí, realmente
esto es lo que quiero. Desde el fondo más profundo de mi corazón
siento el deseo de danzar para encontrar que tal progreso es
posible”.
En India hay una
historia de un ganso que al observar los testículos de un toro en
movimiento, pensó que estos eran un pez y que en un momento
determinado el pez se caería, de esta manera caminaba detrás del
toro pensando que algún día obtendría su pescado.
|